Se ha dicho que la crisis actual no es una crisis
económica sino una crisis de valores.
Estamos de acuerdo. No hay más que darse una vuelta por los mercados, no por
los paneles de la Bolsa donde se muestran gráficas aterradoras, sino por el
ágora, por las plazas, como hacía Sócrates en su tiempo, y ver lo que está pasando, y comprobar que el colchón acaba
cayendo irremediablemente cuando se van rompiendo las varillas del somier. Hemos vivido por encima de nuestras
posibilidades, hemos desterrado la honestidad como cosa de tontos, hemos
puesto todo nuestro empeño en lo superficial, hemos querido vivir sin pensar, hemos despreciado el valor y nos hemos
quedado con el precio, hemos tenido sin haber sido.
Esta crisis de valores es, en el sentido social, una crisis
de favores. Para que una sociedad se
sostenga necesita dos columnas: la justicia y la benevolencia, la legalidad y
la concordia, los recursos y las buenas intenciones, el dinero y lo que no se
puede comprar con dinero, las normas y los favores. Un favor no es ese que se
hace a los amigos cuando uno ha conseguido un buen puesto, sino el beneficio que se hace a otro sin esperar
nada a cambio, es decir, la ayuda mutua, el arrimar el hombro, el echar una
mano, el estar ahí por si me necesitas… Los
favores son microscópicos, pero, uno sobre otro, ayudan a sustentar la
sociedad.
Séneca,
en su tratado De beneficiis, abogaba por la recuperación de los favores o beneficios como única forma de salir de
la crisis de valores que,....
