No está de moda hablar de valores, a no
ser de los bursátiles. Y menos de fidelidad hacia ellos. He ahí una de las
causas de nuestra crisis que es a la vez crisis de las organizaciones y de
esquemas de trabajo.
Porque escamotear la realidad de los
valores tiene consecuencias también en la esfera profesional. Robert Redford,
que es tan sabio como sensible al tema, lo sabe muy bien.
Por eso nos plantea
la necesidad que tenemos de actuar y gestionar de acuerdo con esas peculiares
realidades valiosas que el mejor pensamiento del siglo XX descubrió, con Max Scheler a la cabeza, para nosotros. Para luego, misteriosamente, caer en el
mayor de los olvidos. Y así nos ha ido. De ahí que cada vez más esté en alza lo
que en el mundo anglosajón se llama el MBV –Managing by Values– o gestión por valores.
La inteligencia ética
La tesis de Redford al respecto en su última
película, Pacto de Silencio, es clara: no se puede ser un profesional valioso
si damos la espalda a ciertos valores. Junto a la inteligencia técnica y
emocional hay otra de la que apenas se habla: la inteligencia ética que nos
hace saber hasta dónde podemos llegar, la relación entre medios y fines, y
resolver dilemas morales que se nos presenten.
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