Marketing y Servicios: RSC
Mostrando entradas con la etiqueta RSC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RSC. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de agosto de 2015

La función Social de la empresa


La empresa con fines de lucro es, debe ser y seguirá siendo la institución central de la economía moderna. Pero esto no significa que el objetivo de la empresa con fines de lucro sea obtener un beneficio, del mismo modo que nosotros necesitamos respirar para vivir, pero respirar no es el objetivo de nuestra vida”. Me gustó esta frase de un artículo de John Kay en el Financial Times en la edición en papel del 13 de junio.

Y sigue diciendo: “El objetivo de la empresa es producir bienes y servicios para satisfacer necesidades económicas y sociales, para crear un empleo satisfactorio y remuneratorio, para obtener rendimientos para sus accionistas y otros inversores, y para hacer una contribución positiva al entorno social y físico en el que opera”. No puedo estar más de acuerdo. Solo añadiría que debe conseguir todo eso con eficiencia, aunque está implícita en las palabras de John Kay. Y garantizando la continuidad, donde aparece no solo la sostenibilidad económica, social y medioambiental, sino también la ética.

jueves, 14 de mayo de 2015

Yo Soy Empleo

El proyecto 'Yo Soy Empleo', lanzado en el 2013 por BBVA, ha permitido durante su primer año de actividad, la creación de 3.956 nuevos puestos de trabajo entre las pymes y autónomos, y que 1.687 empresas se hayan beneficiado de los 48 cursos ofertados.
Del total de nuevos puestos de trabajo creados, 2.835 son indefinidos (72 %) y 1.121 temporales de duración mínima de un año (28%). Además, el perfil de las personas contratadas acumulaban una media de 13,2 meses en el paro y el 38% son menores de 30 años.
Las ayudas de 3.000 euros por cada contrato indefinido se agotaron en los primeros meses y actualmente se mantienen las ayudas de 1.500 euros por cada contratación en otras tipologías.
En su primer año y en cuanto a distribución geográfica, las comunidades con más ayudas concedidas son: Andalucía (18 %), Madrid (17%), Comunidad Valenciana (12 %) y Cataluña (11 %).
'Yo Soy Empleo' ha contribuido a crear casi 8.000 nuevos empleos durante buena parte de los peores momentos de la crisis. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Responsabilidad hacia lo que pasa en la sociedad



¿Tienen las empresas alguna responsabilidad por lo que pasa en la sociedad? Las respuestas a esta cuestión van desde el “no, ninguna” hasta el “sí, toda”. El “no” tiene que ver con la idea de que la única responsabilidad social de las empresas es maximizar el beneficio para sus accionistas. He comentado esto otras veces; se basa en la tesis de que, bajo ciertos supuestos, una empresa que maximiza su valor está optimizando su contribución al bienestar de la sociedad. El problema de esta tesis es que los supuestos de partida no se cumplen nunca, de modo que una empresa que maximiza sus beneficios puede estar contribuyendo a un óptimo social… o no. Y, además, la definición de ese óptimo es muy discutible.

Luego hay una versión más moderada: la responsabilidad social de las empresas se cumple produciendo bienes y servicios para sus clientes, cumpliendo las leyes y regulaciones, e incluso yendo un poco más lejos, para cumplir lo que la ética exige, aunque no esté incluído en la ley; cumpliendo sus contratos con los proveedores, empleados y distribuidores, respetando el medio ambiente… Vale, estoy de acuerdo. Solo que la empresa deja también otras huellas en la sociedad, que van más allá de lo que establecen sus contratos: trata (o no) a sus clientes, empleados y proveedores con la dignidad debida; fomenta (o no) los aprendizajes de sus miembros; crea (o no) un clima en el que las personas se puedan realizar como personas… Y todo esto debe formar parte también de sus responsabilidades.

El otro extremo viene establecido por los que ven en las empresas la solución de los problemas de la sociedad, esos problemas que los Estados no pueden ahora cumplir, por la competencia de otros países, la dilución de las fronteras, las limitaciones de sus políticas o los problemas fiscales. Lo malo de este planteamiento es que no ofrece una respuesta clara a la pregunta: ¿por qué debe una empresa dedicar todos sus esfuerzos a resolver problemas que ella no ha creado, a expensas de los intereses legítimos de sus propietarios, directivos, empleados y clientes? Esta posición más extrema nos lleva a preguntarnos si la empresa tiene que contribuir positivamente a esa solución de problemas que ella no ha creado, pero que le afectan y que ella puede resolver. 

Aquí podría venir bien un ejemplo alejado de la vida económica. Una persona pasa al lado de un canal; el agua está arrastrando a un niño, que muy probablemente se ahogará si él no hace algo, porque no hay nadie más por allí en condiciones de rescatarlo. Claramente, la primera obligación es de los padres del niño, pero no están allí. Él podría hacerlo, pero con algún coste: el traje se echará a perder, el tiempo perdido será relevante y quizás pille un resfriado. Me parece que, a pesar de todo, estaremos de acuerdo en que debe echarse al agua, por la gravedad, urgencia y proximidad de la situación, y también porque el riesgo que corre es limitado.

Supongamos ahora que la corriente no es muy fuerte, de modo que el niño puede salvarse por sí solo, pero, eso sí, con cierto riesgo de que, al final, se ahogue. Ahora la respuesta será, probablemente, menos tajante. Añadamos el supuesto de que nuestro protagonista no sabe nadar: ahora todos le aconsejaríamos que no intente salvar al niño, porque, probablemente, acabaríamos teniendo dos cadáveres.

¿Qué quiero decir? Que la responsabilidad social ante una necesidad ajena que no hemos provocado no tiene una respuesta patente, sino que se trata de una decisión prudencial, es decir, presidida por la prudencia, que nos llevará a considerar la naturaleza de la necesidad (si es un niño o una persona mayor, si sabe o no nadar, si la corriente es o no muy fuerte); su gravedad y su urgencia, su proximidad al interesado, qué soluciones hay disponibles, las posibilidades de éxito, la existencia de otras necesidades más o menos urgentes que llaman la atención del protagonista (quizás evitar que su propio hijo acabe en el agua)… Y recordemos que el argumento de que el protagonista se debe a sus hijos y no a los hijos de otros no parece muy sólido; algo parecido al de que la empresa se debe a sus accionistas y no a otras personas.

No existe una respuesta definida a la pregunta: ¿es mi empresa responsable de lo que pasa en la sociedad? Lo siento, pero no queda otro remedio que sentarse a pensar. Le ayudaré con un argumento adicional. La solución no es siempre dar dinero; más aún, esta suele ser una trampa para no pararse a pensar qué puedo hacer.

Porque puedo hacer muchas cosas. Compartir, que es dar, regalar, prestar (esto ya es más asequible), ofrecer garantías a terceros, asesorar, aconsejar… Todos compartimos mucho, cada día: la “lógica del don”, de que hablaba el Papa Benedicto XVI, no es algo esotérico para onegés solidarias, sino algo que hacemos cada día en la empresa, cuando mandamos, cuando obedecemos, cuando ayudamos, cuando sonreímos…

Más cosas: procura que otros compartan: pon a colaborar a tus empleados, clientes, proveedores, accionistas (¿quién ha dicho que son egoístas y que solo quieren mayores dividendos?)… A veces, pedir dinero para otros será más difícil que darlo uno mismo. Haz, porque tú sabes hacer muchas cosas, además de dar dinero: dedica tu tiempo, colabora en las iniciativas de otros, desarrolla tu imaginación para ver qué puedes hacer… Actúa con eficiencia, algo que suelen saber hacer muy bien todos los directivos. En resumen: no me digas que no tienes responsabilidades acerca de los problemas de los demás. No seas egoísta. Párate a pensar, y encontrarás mucho que puedes hacer por los demás, sin jugarte por ello tu puesto de trabajo o la cuenta de resultados de tu empresa.