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martes, 16 de junio de 2015

El agobio ante los exámenes

No me va a dar tiempo…Esto es súper difícil…No lo aprenderé nunca…Son demasiadas páginas...¿Te resultan familiares estas frases?. Son algunas de las que dicen muchos alumnos cuando llegan los exámenes. Se sienten agobiados, sometidos a una presión muy diferente a cualquier época durante el desarrollo de la actividad normal del curso. Entre los principales síntomas del agobio, podemos destacar: nerviosismo, estrés y ansiedad, dormir menos y peor de lo habitual, los conflictos y tensiones que aparecen con frecuencia en las relaciones interpersonales, dificultad para concentrarse o para respetar el orden de prioridades del proyecto personal de vida, etc.

Algunos alumnos me han pedido que redactara esta entrada del blog, para compartir experiencias y ayudarnos entre todos a encontrar algunos remedios para superar esos agobios. Me parece que vale la pena leerla hasta el final y también los documentos a los que hacen referencia los enlaces. Espero no haberme olvidado de ninguna de las sugerencias que he recibido para incluir en esta entrada. Por ejemplo, dos enlaces a dos páginas web que contienen consejos concretos para antes, durante y después de los exámenes, como puedes ver al final de la entrada.

El agobio es una situación que puede presentarse con cierta frecuencia en la vida, normalmente cuando se acumulan actividades o problemas a los que no se pueden hacer frente de una manera completa y obtener los resultados que deseamos. Por ejemplo, en determinadas épocas en el trabajo profesional o cuando aparecen circunstancias extraordinarias en nuestra vida. En situaciones de agobio, resulta difícil mantener la serenidad, admitir que las personas no somos multitareas, establecer un orden de prioridades, tratar que lo urgente no nos impida hacer frente a lo importante, etc.

miércoles, 18 de febrero de 2015

El poder de lo pequeño



Un avión parte de Moscú con destino a Madrid, pero sufre una avería inadvertida en su sistema de navegación que crea una mínima desviación del rumbo de menos de un grado. El avión acaba aterrizando en Mallorca. ¿Cómo se desvió tanto? Un grado es muy poco, sin embargo, ese pequeño desajuste durante cinco horas de vuelo crea una enorme diferencia en el resultado. Cuando hablamos de comportamientos humanos durante… ¡toda una vida!, las desviaciones son aún mayores. En realidad, lo que determina lo que conseguimos no son las grandes decisiones, sino las menores y los actos cotidianos. En este artículo trataremos sobre cómo las personas pueden alejarse de sus deseos y objetivos si no disponen de un plan de vuelo y un sistema de navegación perfectamente ajustados.

Dos hermanos comparten la misma familia, genética, posibilidades y educación, entorno…, y, sin embargo, con el paso de los años, sus vidas se hacen cada vez más diferentes. Básicamente hay tres factores que influyen en esa divergencia: sus elecciones, sus acciones y sus relaciones.

Lo cierto es que no podemos “no elegir”. No tomar una decisión es, en realidad, tomar una: demorarla. De modo que estamos decidiendo o dejando de hacerlo, cada día. Y lo que acaba ocurriendo es que...

martes, 30 de septiembre de 2014

La felicidad es rentable

En ocasiones anteriores tuvimos la oportunidad de analizar la conexión entre la motivación y la productividad. Sin duda, unos empleados motivados son unos empleados más comprometidos, más optimistas e incluso más felices. A fin de cuentas las personas cuando nos sentimos a gusto en nuestro entorno laboral trabajamos más y mejor.
Mucho se habla en estos tiempos de la felicidad en el trabajo y de las organizaciones optimistas,  aunque casi siempre se abordan estos conceptos desde una perspectiva mucho más personal y menos empresarial. Pues bien, en esta ocasión me gustaría reflexionar hasta qué punto interesa a un pequeño empresario trabajar estos conceptos en beneficio de las personas pero también de su proyecto o su negocio.
Si aceptamos que dos de los valores esenciales para el pleno desarrollo de una persona son la libertad y la responsabilidad, llegaremos también a la conclusión de que la mejor motivación para un empleado debería ser precisamente adquirir un mayor grado de autonomía en su desempeño profesional y sentirse más dueño de su trabajo. Obviamente llegar a esa situación supone un compromiso entre la organización -que debe estar dispuesta a que sus profesionales lleguen a ese grado de madurez- y el propio profesional -que debe estar dispuesto a involucrarse y a comprometerse mucho más.



¿Cómo se consigue eso en una pyme? Admitámoslo: no es fácil y aunque vale para cualquier organización, no siempre vale para cualquier empleado. Aún así, existe un concepto que nos puede ayudar a avanzar en esta dirección: el empoderamiento o, como se conoce más frecuentemente, el empowerment.
El empoderamiento implica la delegación de autoridad a los profesionales y conferirles el sentimiento de que son dueños de su propio trabajo. Se trata de un proceso de carácter estratégico que busca una relación de socios entre la organización y sus colaboradores para aumentar el compromiso de estos últimos. Se trata, por tanto, de trascender la típica relación jefe-empleado, donde el primero da una instrucción y el segundo se limita estrictamente a ejecutarla, para llegar a un punto en el que hay una mayor aportación de valor en la relación y un mayor nivel de compromiso entre las dos partes.
Este planteamiento parte de la base de que el modelo del “ordeno y mando”, de la desconfianza en los colaboradores y de la negación del potencial de los mismos, de no dejar espacio para el error o de ignorar el capital emocional del equipo no funciona.
Pero el empoderamiento no es un proceso unidireccional desde el jefe al empleado. Para que realmente funcione, el colaborador (o el grupo de colaboradores) debe tomar parte de forma muy activa y ser consciente de su propia aportación. Desde esa perspectiva, el empoderamiento es un ejercicio de refuerzo de las propias capacidades, puesta en valor de las mismas e incremento de su visibilidad dentro de la organización. Es decir, el profesional debe asumir que crecer es un ejercicio de responsabilidad personal y que, por tanto, no puede limitarse a adoptar una actitud pasiva en la que el jefe o la empresa asuman todo el protagonismo.

Es imprescindible, por tanto, que el colaborador entienda que los tiempos en los que el desarrollo profesional, la formación, la asunción de riesgos o la iniciativa eran solo responsabilidad de la empresa o del jefe afortunadamente se han acabado.

El empoderamiento ayuda a que las personas pierdan el miedo al cambio y a la ejecución proactiva y también a que sean más entusiastas. Dicho de otra forma, las personas empoderadas son más felices. Al sentirse más comprometidas son también más flexibles y creativas, ya que se sienten más seguras y reconocidas. De alguna forma el profesional empoderado pasa de ser un mero ejecutor de instrucciones a ser un “solucionador activo de problemas”.
Las principales barreras para el empoderamiento son fundamentalmente de carácter psicológico y casi siempre están basadas en el miedo. Desde la perspectiva de la empresa suele pensarse que es muy peligroso dotar de una mayor parcela de poder a los empleados. El miedo en el caso de los colaboradores suele estar ligado a la autoestima (¿seré capaz?, ¿por dónde empiezo?, ¿qué van a pensar de mi mis jefes o mis compañeros?, etc.) y a la falta de constancia.
La única forma de implantar con éxito un proceso de estas características en una pyme pasa por la total implicación del dueño o gerente de la empresa, que debe liderar el cambio cultural que supone este enfoque. Implicar a los mandos intermedios es también crucial. Para ello, una buena recomendación es optar por la formación (y, sobre todo, la autoformación) constante, y por un ejercicio de liderazgo basado en el coaching(herramienta empresarial que permite la identificación de potenciales áreas de mejora y la implantación de planes de acción para acometerlas).
En todo caso, como en muchos otros ámbitos profesionales, la clave del éxito en un proceso de empoderamiento radica en tener un objetivo claro y en ser constantes en el empeño para conseguirlo. Para ello, es importante hacerse las preguntas adecuadas y encontrar respuestas sinceras desde las que se pueda acometer el necesario plan de acción:
Autodiágnostico: ¿dónde estoy?, ¿cómo me ven?
Objetivos: ¿dónde quiero estar?, ¿cómo quiero que me vean?
Plan de acción: ¿qué tengo que hacer y cuándo?, ¿quién me puede ayudar?
Evaluación: ¿cómo sabré si he tenido éxito?, ¿en qué puedo mejorar?
Como bien dijo mi admirado Haile Gebrselassie, “si tienes un plan, sabes lo que hay que hacer”.

lunes, 22 de septiembre de 2014

No te quedes quieto y quejándote

Proyecto de ayuda a las personas desempleadas y a aquellas que quieran mejorar su empleo actual. Todo ello gratuito. Acompaño a la persona hasta que encuentre el objetivo. Asesoramiento y orientación laboral, presentación a ofertas de trabajo para los empleados. Facilitar a las empresas los candidatos idóneos. Sin duda la web del empleo y de los RRHH.

El blog de Alberto Carcelo describe su contenido con el párrafo anterior. Una de sus entradas es “Vivimos un momento de oportunidades”

Sobre este tema, puedes escuchar una entrevista en Radio Inter (Grupo Intereconomía) del pasado día 18/01/2014 dentro del Programa "Con ganas de trabajar". Participa también Alexandra Tapia, Socia de Talent Profits.

 Audio del Programa

En dicha entrevista, se anima a las personas a emprender. Se insiste en que “No te quedes quieto y quejándote. Las quejas no te ayudan a mejorar ni a conseguir tus objetivos. Tenemos que hablar menos y hacer más”.

Todo esto, me ha recordado la importancia de tener un proyecto profesional que sea coherente con el proyecto personal, con unos objetivos claros y concretos. Dichos objetivos se alcanzan con un plan de acción a corto y a medio plazo (revisado y actualizado con regularidad), con paciencia, fortaleza, humildad, etc. Hay que superar los miedos que nos impiden ser realista y asumir con responsabilidad los riesgos que cualquier decisión lleva consigo.

Seguro que te ayudará a tener claro qué es la zona de confort y salir de ella lo antes posible. El vídeo siguiente, te servirá para reflexionar sobre este tema. 


¿Cuál es tu zona de confort? ¿Has concretado tu proyecto profesional? ¿Tienes ganas de trabajar y mejorar tu formación profesional y humana?