La humildad es uno de los valores que puede llamar la atención, pero que caracteriza a muchas empresas familiares de éxito. La humildad, impide que la soberbia y la vanagloria obstaculicen el crecimiento y el desarrollo del carácter humano y por ende de la empresa.
La humildad permite conocer las
propias limitaciones y debilidades y actuar de acuerdo a tal conocimiento. Esta
virtud no viene a negar cualidades verdaderas, sino a hacer florecer los
talentos innatos.
Sin la humildad, la familia propietaria corre el
riesgo de caer en el error de pensar que la titularidad será suficiente para
responder a las exigencias de la gestión de una organización cada vez más
compleja y sofisticada.
La humildad ayuda a poner cada uno a su sitio. En
las empresas familiares donde habitualmente conviven varias generaciones, la
jerarquía y el poder son dos de los principales elementos de discordia. No
habría de ser así, pero muchas veces sucede porque no se actúa con la
suficiente humildad.




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