¿Qué piensa nuestro cliente cuando rompemos nuestras promesas? ¿Qué piensa
cuando jugamos con sus expectativas y sus ilusiones? Se siente defraudado,
decepcionado, estafado. Deja de creer en nosotros y le queda un amargo sabor a engaño.
Cuando te tomas el tiempo de hablar con gente normal, sin relación ni
intereses en el área, así lo reconocen. Tienen dudas. Recelan. Y no es para
menos. El uso (abuso) indebido e inadecuado de estas técnicas durante décadas ha
generado desconfianza y prevención, hasta el punto de acuñar expresiones como
“esto tiene mucho marketing” para aludir a la inflación de
expectativas, la incertidumbre y la inseguridad que generan las promesas de una
determinada campaña. En definitiva, para referirse a la sensación permanente de incumplimiento;
a la diferencia entre lo que se promete y lo que se acaba entregando; a una
enorme ausencia de credibilidad.






