Marketing y Servicios: Cómo hablar en público sin perder el control

viernes, 3 de octubre de 2014

Cómo hablar en público sin perder el control

En gran medida, hablar en público y conseguir que te atiendan depende de que seas capaz de captar la atención de los espectadores y de que la mantengas hasta el final. A mi juicio, la palabra que mejor sintetiza lo que quiero decir es control. Soy consciente de que el término es poco popular y de que a muchos les sugerirá conceptos tan poco atractivos como tiranía, dictadura o manipulación. No obstante, permíteme explicarte por qué pienso que es tan importante que siempre que hables en público tú seas quien mantenga el control en todo momento.
¿Es arriesgado que el público participe?
Siempre que intervengas en un acto donde el público pueda tomar la palabra o actuar por su cuenta, corres el riesgo de perder el control; por ejemplo, en un taller de formación que fomente la participación de los asistentes o en un turno de preguntas al término de tu conferencia. Muchos objetarán que en realidad no hay nada que temer, pues dar cabida a lo espontáneo e imprevisto, especialmente si procede del público, vuelve el acto de comunicación más fresco y memorable. Y puede ser verdad, pero también lo es que un espectador que acapara el micrófono e impide que los demás pregunten, o que resulta tan gracioso que todos se desternillan cada vez que abre la boca, te obligarán a emplearte a fondo para reconducir la atención de todos hacia el acto de comunicación que estás construyendo y hacia tu mensaje.
Recuerda mantener el control en estos momentos
Hay tres momentos concretos en que deberías poner especial cuidado para no ceder tanto el control de los acontecimientos a los espectadores que llegues a perderlo:
1. La entrega de documentos
Si vas a entregar documentación complementaria, hazlo al final. Así evitarás que la hojeen mientras estás hablando y dejen de prestarte atención. Si te ha ocurrido esto alguna vez, sabes lo incómodo que resulta ver que, de repente, todos dejan de atenderte y se enfrascan en la lectura de algo que les has dado para que lo lean en casa. La excepción a este consejo es, claro está, documentación que deban revisar contigo durante tu intervención, en cuyo caso tú mismo dirigirás su atención a las páginas, los párrafos o los gráficos que te interesen.
2. El turno de preguntas
El turno de preguntas es el momento en que dejas de ser el monarca absoluto y das paso a la democracia. Aquí, el público asume el control. Tendrás que ser capaz de apremiar al que se demore, de interrumpir al plomo que quiere pronunciar su propio discurso y de salir airoso de las preguntas incómodas. Yo siempre invito a que las preguntas se hagan al final de mi intervención, salvo que se trate de una charla-coloquio donde disponga de tiempo suficiente para responder las preguntas del público según vayan surgiendo.
3. Ejercicios, juegos y participación del público
Siempre que invites a los espectadores a hacer ejercicios en grupos, controla muy bien el tiempo que dedicas a cada uno. Cuando se agote, redirige su atención sin demora hacia lo que debas explicarles.
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5 comentarios :

David Azulay Torres dijo...

Independientemente de tu capacidad de expresarte en público,considero que son habilidades innatas en la persona.No obstante,la práctica con el paso e tiempo hace que puedas mejorar esas habilidades y sepas medir los tiempos de tus intervenciones en cada momento.

Enrique Sobrino Navarro dijo...

En parte yo también creo que son habilidades innatas, pero en un porcentaje bajo. Siempre queda la posibilidad de mejorarlas mediante técnicas, formaciones específicas y sobre todo práctica.

Tema aparte, creo que para dominar bien una sesión participativa hay que controlar primero las ponencias de tipo "monólogo" o individuales y verse suelto.

Saludos

Carlos Gomez Jordan dijo...

En mi opinión el "arte" de presentar es cada vez más importante en nuestro día a día. Por aportar un pequeño grano de arena me gustaría añadir que también es importante no sólo el control de la asamblea a la que te estás dirigiendo, sino el control sobre uno mismo. Tácticas como el descargar la tensión en un objeto como puede ser un bolígrafo o marcar tres puntos a donde lanzar la mirada, pueden ayudar a calmar esos nervios que poco a poco se irán apagando a medida que vamos cogiendo confianza. Muy buena entrada si señor.

Diego Pérez Camaño dijo...

Totalmente de cuerdo con el comentario de Enrique Sobrino Navarro, si controlas el tema de la ponencia, los nervios serán menores y con el paso del tiempo y la práctica creo que se le puede coger hasta el "gustillo" a realizar exposiciones. Lo mas importante, quitarse el miedo, nos dirigimos a personas iguales que nosotros y si algo ha sido bien preparado, con ayuda de un poco de confianza saldrá bien, así de simple.

Angel Iglesias dijo...

En mi opinión lo del control es relativo, también depende del tipo de persona que te escuche si la persona viene decidida a atender y ponerle entusiasmo el control lo tendrá el que de la charla sin embargo el observador no tiene ganas, habla , interrumpe, el orador se vera afectado por este tipo de individuos y provocara que se pierda el control